martes, 19 de agosto de 2014

Decile no a la discriminación

Hace no mucho tiempo me di cuenta de que yo era distinta de una manera en la que poca gente es distinta. Empecé a comentarlo, un poco con miedo, un poco con precaución y cada vez más recibí comentarios discriminativos, peyorativos, ignorantes. Aparentemente formo parte de una minoría aplacada, oprimida, discriminada y bastardeada por un amplio margen de la sociedad: no veo los Simpsons.

Me sé un par de chistes, porque no se puede escapar de la cultura general, y los Simpsons aparentemente son parte fuerte y presente de la misma. Me los sé porque más de una vez me quedé callada cuando todos se rieron ante un comentario que yo, claramente, no entendía. Referencias por doquier me obligaron a saber de algo que no me interesa en lo más mínimo.

No es que no los vea por una cuestión de principios, ni por algún motivo en particular. Simple y llanamente no me divierten. Sí, vi un par de capítulos. Sí, me reí un poco. No, no me interesa ver más. No me quedo colgada cuando pasan un capítulo repetido por 500 vez en Telefé. Los tipitos amarillos no me atraen, así de simple.

Así que mundo, oficina, amigos, vos: se calman un poco.

jueves, 19 de junio de 2014

Mrs. Hipo

Mi primer recuerdo relacionado con el hipo es de cuando tenía alrededor de 11 años. Era domingo y estábamos con mis amigas en misa de las 7 de la tarde, que era la misa a la que había que ir porque de ahí salíamos para el club social. El club social estaba a dos cuadras de la iglesia, y era donde nos juntábamos hasta las 10, más o menos, cuando nuestros padres nos venían a buscar. Era la salida permitida que teníamos, y era suficiente para nosotros.

Me acuerdo que estaba en una de las puertas laterales, envidiando el nuevo corte de pelo de una amiga. Mi cabeza minita e inmadura estaba llena de declaraciones del estilo "ahora ella es la más linda de todas, todos van a gustar de ella y de ninguna otra de nosotras". Un corte de pelo podía llevarte muy lejos en esa época, y supongo que en esta también. Mi amiga había estrenado su corte de pelo en conjunto con unas bucaneras muy inapropiadas para su edad, y se había elevado instantaneamente al tope de la piramide cool del grupo.

La cuestión es que estaba en medio de la misa, y todos comenzaron a entonar "padre nuestro tu que estás en los que aman la verdad" al tono de Sound of silence. A mi me maravillaba escuchar esa canción, y que hubieran sido tan inteligentes de robar y adaptar la canción al padre nuestro. En fin.

De repente, de algún fondo de mi ser, salió el primer hipo. Un primer hipo se disimula rápidamente, uno se hace el boludo y pasa. Sin embargo, al segundo, tercero, cuarto, es fácilmente identificable el origen del hipo. Las cabezas empezaron a girar hacia mi, mientras seguían entonando "haz que el pueblo que por ti se dio...". Mis amigas empezaron a reirse y yo, claro, me reí también.

Desde entonces, el hipo me acompaña regularmente. No tengo una relación similar a la que una persona normal tiene con el hipo. El hipo me visita al menos una vez al día.  En cualquier momento y lugar, puede hacer su aparición. En una reunión de trabajo, en una entrevista laboral, caminando por la calle, en el colectivo. El hipo no espera y no discrimina. Soy víctima y objetivo de él.

En general lo ignoro, aunque a veces me duele. Pero intento ignorarlo, hacerme la boluda. Intenté mil métodos, y ninguno funciona de forma continua. Consulté con médicos y todos me dijeron lo mismo:

¯\_(ツ)_/¯


Decía que en general me hago la boluda, pero el hipo, a diferencia de otras acciones y reacciones físicas, genera algo particular en la gente. Aparentemente, algo en el hipo suena infantil, aniñado. Y la gente tiende a reirse. Tirate un pedo en el bondi y todos te van a putear. Mandate tres hipos seguidos y la gente te empieza a sonreir.

miércoles, 4 de junio de 2014

This is NY



Una ciudad y un pueblo, mucha gente y nadie, música, ruido, y tranquilidad. Variedad, mucha variedad. Caminar 15 kms diarios, y comer rico. Teatros, música callejera, homeless tirados durmiendo en la calle, y el subte que no para nunca. Olores de todo tipo y color. Días lindos y días con lluvia. Central Park, Central Park, Central Park. Chelsea <3 y Greenwich Village <3 <3 <3. Línea 2 y 3, express, subte card por 7 días. Comer DKAs y cronuts, y mucho Starbucks y tés helados, sin azúcar por favor. Mercados a  la calle. Gente con iPhones everywhere, todos con su telefonito en la mano, siempre en la mano, no vaya a ser cosa de que se pierda (?). Viejas charlatanas y gente que te dice "Good morning" en la calle, como si te conociera. El portero que no te saluda, y los vecinos que se suben al ascensor sin un "hi". Una librería con pisos que crujen cuando pasás, ropa barata y macarrones a 5 dólares cada uno. New York es español por todos lados, latinos por todos lados, argentinos por todos lados. Es caminar de noche sin miedo. Es comprar y comprar y después un poco arrepentirse pero comprar un poco más. Es un "how can I help you?" continuo. Muebles tirados en la calle, para que quien quiera los levante y se los lleve a su casa. Es un McDonald's lleno de cubanos, y escuchar un "mi Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver" cantado por un homeless medio pirao'. New York es eso y mucho más.

I <3 NY

martes, 22 de abril de 2014

Leyendo espero

Mierda que tenía abandonado esto... Acá estoy, sin embargo, para seguir escribiendo como me propuse a principios de año.

Y para que se sepa que con alguno de mis objetivos estoy cumpliendo, vengo leyendo a buen ritmo y sacando fotos a morir.

Acá, un breve resumen de lo que leí hasta el momento, después de Las Primas, que fue el último que les conté:



Una lectora nada común, de Alan Bennett - La Reina de Inglaterra está aburrida, y descubre por casualidad la lectura, como actividad recreativa. A partir de ahí, la novela, muy cortita, gira alrededor de los libros que va leyendo. Es un libro divertido, corto (muy corto), que se lee rapidísimo y que te dan ganas de anotar todos los libros que va leyendo para después leerlos vos.

Cómo enamorarse, de Cecelia Ahern - La misma autora de PD Te amo, que no me gustó tanto, y de Love, Rosie, que sí me gustó mucho en su momento. Es chick lit con un toque pseudo seriote pero no es que terminás de leerlo y te sentís más educada (?). La protagonista evita que un hombre se suicide y se compromete a mostrarle lo lindo que es vivir en (creo) 2 semanas, o él se suicida definitivamente. Mientras tanto, ella misma tiene una vida bastante decadente.

Charlas con mi hemisferio derecho, de Hernán Casciari - En 2012 me leí TODO lo que encontré de Casciari dando vueltas por Internet. Nunca había leído su blog y me pareció estar descubriendo algo muy muy groso. Sigo pensando lo mismo, aunque Charlas... no es lo mejor ni lo más divertido que leí de él. Son, creo, posts seleccionados de su blog Orsai.

Heridas abiertas, de Gillian Flynn - Después de leer Gone girl (si no lo leyeron, leanlo antes de que salga la película) me esperaban las novelas anteriores de ella. Heridas abiertas es un libro... especial. Los personajes de Gillian Flynn suelen ser, por lo que veo, bastante perturbados psicológicamente, y son, además, perturbadores, valga la redundancia. En Heridas abiertas, la protagonista vuelve a su pueblo natal como reportera a investigar unos asesinatos de dos chiquitas. Al mismo tiempo, ella se enfrenta a su familia, y la relación retorcida que tiene con la madre. No cuento más para no arruinar sopresas. Se lee rápido, fácil y es entretenido. No aseguro que no sueñen pesadillas después.

Mi vida querida, de Alice Munro - Hace un tiempito que quería leer algo de la ganadora del Premio Nobel de Literatura. Son historias cortas, simples, sencillas, pero con un trasfondo bastante denso de fondo, en la mayoría de los casos. Lo empecé leyendo casi sin gusto y a medida que avanzaba, me fui enamorando un poco más de su forma de escribir, de las historias, y de los personajes. Recomendable.

Miss Tacuarembó, de Dani Umpi - No sé por qué le tenía tantas esperanzas a este librito, muy cortito y muy simplón. No me gustó mucho, la verdad. Creo que la película es un poco mejor (aunque la vi hace mucho, no recuerdo). Natalia es una chica de pueblo con aires de reina y en Miss Tacuarembó nos cuenta la vida desde su óptica, mezclando su niñez con la actualidad. Ble.

Los Magos, de Lev Grossman - Ufffffffff. No puedo hacer más largo el ufffffffffff. Si, se lee "fácil" y "rápido", pero ¡qué pesado! Estuve al borde de abandonarlo varias veces. Lo que empieza super entretenido se vuelve un regodeo en el protagonista, que no es más que un intento de Harry Potter, egoísta, enfermo, mal tipo y bastante idiota. Igual que con Harry, salvando las distancias enooooormes, el protagonista es invitado a un colegio de magia, pero, a diferencia de Harry, el mundo mágico no es muy distinto al normal. Lo peor es que es el primero de una trilogía y, seguramente, me lea los otros dos.

One more thing, de B.J.Novak - Todavía pienso en este libro y lloro. B.J.Novak, más conocido como "el novio de Mindy Kaling en The office", escribió este librito de historias, cuentitos y tweets (!). Cuando me enteré de que salía a la venta, morí de emoción. Escritor y productor de The Office, ¿qué otra cosa más que una genialidad podía salir de él? Bueno... salió esto, que no es ni fu ni fa. Si, tiene toques de humor, y si, está correctamente escrito. Pero nada más. Tristeza total, absoluta, desamparo, desasociego, quiero morir.

En picado, de Nick Hornby - Cuatro personas, que no se conocen entre sí, deciden suicidarse la noche de año nuevo, desde una terraza de un edificio de Londres. Al ver que no fueron los únicos que tuvieron la misma idea, se ponen de acuerdo para posponer el suicidio hasta el día de San Valentín. Mientras tanto, "intentan" arreglar sus vidas. Todos sabemos cómo termina.

El señor de las moscas, de William Golding - Aparentemente este señor autor gustaba de hacer experimentos sociales con niños. Y luego escribir un libro. Si no saben nada de este libro, o de la historia, se resume en un "Lost" de niños, escrito unos cuantos años antes que Lost. Un avión se estrella en el medio de la nada, y un grupo de niños sobrevive y arma una nueva "sociedad". Se pone un poco denso de a ratos, pero es un clásico y vale la pena leerlo.

Bueno, si llegaste hasta acá, decime. ¿Leíste alguno de estos? ¿Qué te parecieron?

jueves, 13 de marzo de 2014

Serendipity

A veces me sorprendo creyendo en frases como "por algo pasó", "hay que confiar en que fue lo mejor", "si tiene que ser, va a ser". Frases que parecen apuntar a que, en algún punto de mi cabeza, todavía soy ingenua y creo en la fuerza del destino, en una mano mágica que lidera nuestros destinos, en la marca de las estrellas o en la religión.

Por suerte me doy cuenta rápido, y hago lo que sea necesario para que mi vida sea como yo quiero que sea, sin tener que esperar a que alguien/algo de afuera resuelva mis problemas.

miércoles, 12 de marzo de 2014

35

El domingo cumplí 35 años y nada cambió. Creo que de chica creía que a los 35 la vida te daba algún tipo de vuelco o que ya eras una señora o algo así. Me acuerdo cuando, a los 15 más o menos, conocí a la nueva novia de un tío. Ella tenía 30 y algo y usaba jeans y converse y yo me prometí que iba a ser tan cool como ella cuando llegara a su edad. Hoy uso jeans pero las converse están enterradas en el placard desde hace dos años más o menos. No es que las desprecie ni que sienta que no están a la altura de mi edad, pero inconscientemente las fui dejando en abandono, a favor de plataformas, sandalias y ojotas.

Decía que cumplí 35 y no pasó nada. Tuve los llamados y mensajes y posteos en el muro de Facebook de gente que me quiere, que se acuerda o que Facebook le dice "che, mirá que hoy cumple años Pau, tá bien que no la ves hace 5 años, o 20, o casi ni la conocés, pero copate dejale un feliz cumple". Yo feliz, con todos, con los de gente cercana y con los de gente que no conozco casi. Es lindo ser centro de atenciones y saludos y esas cosas.

Algo sí cambió este año, ahora que lo pienso. Todos los años, desde que tengo memoria, festejo mi cumpleaños. Todos. En la primaria y en la secundaria, era el reencuentro con los compañeros que no habíamos visto durante el verano. En la facultad era inaugurar el año. En éstas épocas, era una excusa para ver gente que quiero y que, asumo, también me quiere lo suficiente como para venirse hasta casa aunque sea a brindar y comerse un sanguchito de jamón y queso.

Este año, en cambio, decidí no festejar. Tal vez sea el comienzo de 35 años de no festejos. No sé. La posta es que muchos de los que yo quiero que estén, no van a estar. Y, además, los 35 vinieron cargados de una fiaca incontrolable. No quiero festejar. No me parece necesario. Capaz me contagié de Gastón, que pasa sus cumpleaños como cualquier otro día. Capaz está bien relajarse un poco y no hacer cosas obligada.

Mi festejo vino de antemano, con un viaje a La Rioja:


Cambiando la actitud

Les recomiendo ver este video. Los subtítulos en español no estaban perfectamente sincronizados, pero en la página de TEDx pueden ver la transcripción de la charla.

 

martes, 11 de febrero de 2014

En el 100

El colectivero ya se estaba yendo cuando un grito de "bancá que me subo" llegó desde la vereda. Por la puerta del medio, se subió un tipo en una silla de ruedas, acompañado de otro. El de la silla de ruedas tenía una cerveza de litro, de la que tomaba compulsivamente. Gritaba mucho, hablaba muy fuerte. Incluso cuando "murmuraba", se escuchaba perfectamente lo que hablaban.

La charla al principio giraba en torno al de la silla de ruedas, que tenía "un corazón así de grande, boludo" pero que estaba ofendido porque un amigo quería abusar de su generosidad. "Yo le dije, loco, venite a última hora, pegate un baño, dormí y a la mañana te tomás el palo, pero él me quiere comer la comida, entendés? Qué soy yo? Papanuel? Si querés soy uno de los reyes magos. Melchor, boludo".

De golpe, el tipo de la silla empezó a putear contra una banda de pibes que acusaban a su hermano de ladrón. "Le querés hacer causa a mi hermano, boludo, que yo sé qué clase de persona es, entendés? No boludo, no le hacés causa a mi hermano, no".

De la conversación, cuasi monólogo, sobre el amigo y el hermano, pasó a declaraciones un poco más fuertes. Mientras escupía y tomaba cerveza constantemente, le contó al otro que si cobraba una guita de un juicio, iba a comprarse una moto. "Ahi salgo a chorear, porque esa es la piola, entendés? Yo sé cómo hay que hacer. Te vas al banco, encascado, y entrás a hacer una consulta. Cualquier cosa preguntás. Y ahí mirás. Yo así le robé a ese que metió toda la guita en un bolsito. Tenés que ir puesto, eh?"

Todos los que íbamos en el colectivo mirábamos para otro lado. Yo, que había quedado sentada en uno de los asientos enfrentados, estaba en primera fila en este espectáculo que el tipo nos estaba dando. Parecía como un show de stand up, pero con el tipo sentado y en vez de humor, de terror.

Siguió una declaración que hizo que mi corazón empezara a latir rápidamente, y mi cara enrojeció. Lo único que pedía era que el tipo no me mirara, porque iba a notar rápidamente que estaba escuchando cada una de sus palabras, que tenía miedo, y que no sabía qué hacer.

"Cuando yo maté a ese chabón, le clavé 15 puñaladas en el cuello, estaba re puesto, boludo".

Quise por un minuto intentar ignorar lo que había escuchado, tratar de pensar que este tipo estaba diciendo cualquier boludez. No pude.

Pasando Constitución empezaron a discutir qué esquina era "la mejor" para bajarse. Acordaron que Independencia estaba bien. Ya quedaba poco de viaje, y en una taque de miedo, decidí moverme, porque no quería que estos tipos tuvieran acceso directo a mi cuando bajaran. Me di vuelta y vi que los asientos de adelante, al lado del colectivero, estaban vacíos. Rápidamente me cambié de lugar. El tipo se dio cuenta, y comentó algo con su compañero. Yo decidí que si miraba al frente fijo, sin distraerme con nada, sin apenas girar la cabeza, iba a estar bien. El colectivero estaba al lado mío. Asumí que era una especie de policía del bondi.

Llegamos a la parada de Independencia y el tipo grito "acá me bajo, papá", a lo que el colectivero respondió acercándose al borde y abriendo las puertas.

Mientras se bajaban, el compañero le señaló o comentó algo sobre los policías. El de la silla respondió:

- No te preocupes, estos son de tránsito nada más.


lunes, 10 de febrero de 2014

Minitología

Todo bien con las mujeres, las re banco, de hecho soy una. En general, me gusta la amistad entre mujeres mucho más que la que se da entre hombres, y creo que cuando un hombre y una mujer son amigos, es porque la mujer aporta algo a la relación que un hombre en general no tiene con otro hombre.

Sin embargo, salvo honradas excepciones, las minitas suelen ser bastante perras. No busco ser polémica ni levantar gritos, pero, seamos honestos, ¿cuántas amigas puede uno tener sin caer en la desgracia del pasivo agresivo, la envidia, los comentarios desafortunados y toda la parafernalia que acompaña a las relaciones entre mujeres cuando no son amigas de posta?

Lo digo con conocimiento de causa. Soy mujer, esto ya lo dije, y viví (sufrí) pseudo amistades con congéneres que distaban mucho de ser positivas o sumar más que restar.

Cuando una amiga te tira un comentario solapado con mala onda de fondo, no es tu amiga. Si no se banca que vos estés bien y seas feliz, no es tu amiga. Si te hace sentir mal acerca de vos misma, no es tu amiga. Si no estás tranquila confiándole algo porque tenés miedo a que te juzgue o corra a chusmear al respecto con otra gente, no es tu amiga.

Qué se yo... creo que con el tiempo aprendí a elegir mejor a la gente que me rodea porque no necesito más mala onda en mi vida, sino, al contrario, gente que aporte cosas copadas, que tenga buena onda, que cuando tenga algo para decir, lo diga desde un lugar honesto y sin segundas intenciones. El meta mensaje metételo en el culo, o donde sea que te sirva para hacerte sentir mejor, porque claramente si necesitás descargar tu agresividad en otra gente, es porque algo está fallando y mucho en vos.

Al resto, lo dejamos para el boludeo, para cuando tengamos ganas de hablar pavadas y para superficialidades. A la gente que quiero y que me quiere como corresponde, la mantengo cerca. A la otra, mejor lejos, fus fus, fuera bicho.


Foto by yo



viernes, 7 de febrero de 2014

Fin de mundo

Le dije que se fuera y se llevara todo. Y así lo hizo. Al principio juré que era una oportunidad de limpiar el yo interior y exterior. Después, cuando no pude limpiarme la cabeza porque se había llevado hasta el shampoo, me arrepentí un poco.

La realidad es que las cosas venían mal desde hace tiempo. Yo esperaba que él se hiciera cargo de cosas que él esperaba que yo me hiciera cargo. Y ninguno de los dos lo hizo. Eso llevó a una debacle que empezó con una discusión, una noche, acerca del fin del mundo.

Llevábamos 5 meses saliendo/conviviendo cuando me dijo “¿viste que en diciembre de éste año se acaba el mundo?”. Mi carcajada se transformó en risa y luego en sonrisa y luego en mirada de incredulidad cuando me di cuenta de que no estaba hablando en broma. Él realmente creía que se acababa el mundo. “Si, el 21 de diciembre, lo dijeron los mayas”.

Rebobinemos un poco y déjenme aclararles algo: nunca, jamás, antes había hecho un comentario tan pelotudo. No hubo alertas. No hubo señales de que el tipo fuera un idiota, un tipo básico o poco pensante. Todo lo contrario. Entonces, cuando me declaró abiertamente que apoyaba la teoría del fin del mundo en diciembre de 2012, no imaginé que hablaba en serio. Y al no creer en la seriedad de su comentario, mucho menos pude creer en la seriedad de su ofensa cuando me reí en su cara.

Para qué entrar en detalles de una discusión que duró tres horas y que no terminó en sexo. La ofensa le duró alrededor de una semana y, cuando finalmente pudo perdonarme que me hubiera reído abiertamente de él, algo se había roto. Él pensó que lo que se había roto era el invicto de peleas. En realidad, lo que se había roto era mi creencia en que él no fuera un pelotudo.

Desde ese momento, todo fue decadencia. Dos meses después, yo le gritaba, desde la puerta “hacé lo que quieras, no te banco más, llevate todo lo que quieras, pero desaparecé”. Cuando volví, al día siguiente, el departamento estaba vacío. Y aunque debo reconocer que la falta de shampoo me dio un poco de bronca, al ratito me di cuenta de que el departamento también estaba vacío de algo más: un pelotudo.