martes, 11 de febrero de 2014

En el 100

El colectivero ya se estaba yendo cuando un grito de "bancá que me subo" llegó desde la vereda. Por la puerta del medio, se subió un tipo en una silla de ruedas, acompañado de otro. El de la silla de ruedas tenía una cerveza de litro, de la que tomaba compulsivamente. Gritaba mucho, hablaba muy fuerte. Incluso cuando "murmuraba", se escuchaba perfectamente lo que hablaban.

La charla al principio giraba en torno al de la silla de ruedas, que tenía "un corazón así de grande, boludo" pero que estaba ofendido porque un amigo quería abusar de su generosidad. "Yo le dije, loco, venite a última hora, pegate un baño, dormí y a la mañana te tomás el palo, pero él me quiere comer la comida, entendés? Qué soy yo? Papanuel? Si querés soy uno de los reyes magos. Melchor, boludo".

De golpe, el tipo de la silla empezó a putear contra una banda de pibes que acusaban a su hermano de ladrón. "Le querés hacer causa a mi hermano, boludo, que yo sé qué clase de persona es, entendés? No boludo, no le hacés causa a mi hermano, no".

De la conversación, cuasi monólogo, sobre el amigo y el hermano, pasó a declaraciones un poco más fuertes. Mientras escupía y tomaba cerveza constantemente, le contó al otro que si cobraba una guita de un juicio, iba a comprarse una moto. "Ahi salgo a chorear, porque esa es la piola, entendés? Yo sé cómo hay que hacer. Te vas al banco, encascado, y entrás a hacer una consulta. Cualquier cosa preguntás. Y ahí mirás. Yo así le robé a ese que metió toda la guita en un bolsito. Tenés que ir puesto, eh?"

Todos los que íbamos en el colectivo mirábamos para otro lado. Yo, que había quedado sentada en uno de los asientos enfrentados, estaba en primera fila en este espectáculo que el tipo nos estaba dando. Parecía como un show de stand up, pero con el tipo sentado y en vez de humor, de terror.

Siguió una declaración que hizo que mi corazón empezara a latir rápidamente, y mi cara enrojeció. Lo único que pedía era que el tipo no me mirara, porque iba a notar rápidamente que estaba escuchando cada una de sus palabras, que tenía miedo, y que no sabía qué hacer.

"Cuando yo maté a ese chabón, le clavé 15 puñaladas en el cuello, estaba re puesto, boludo".

Quise por un minuto intentar ignorar lo que había escuchado, tratar de pensar que este tipo estaba diciendo cualquier boludez. No pude.

Pasando Constitución empezaron a discutir qué esquina era "la mejor" para bajarse. Acordaron que Independencia estaba bien. Ya quedaba poco de viaje, y en una taque de miedo, decidí moverme, porque no quería que estos tipos tuvieran acceso directo a mi cuando bajaran. Me di vuelta y vi que los asientos de adelante, al lado del colectivero, estaban vacíos. Rápidamente me cambié de lugar. El tipo se dio cuenta, y comentó algo con su compañero. Yo decidí que si miraba al frente fijo, sin distraerme con nada, sin apenas girar la cabeza, iba a estar bien. El colectivero estaba al lado mío. Asumí que era una especie de policía del bondi.

Llegamos a la parada de Independencia y el tipo grito "acá me bajo, papá", a lo que el colectivero respondió acercándose al borde y abriendo las puertas.

Mientras se bajaban, el compañero le señaló o comentó algo sobre los policías. El de la silla respondió:

- No te preocupes, estos son de tránsito nada más.


1 comentario:

Jorgelina dijo...

Ay! No se que comentar. Si yo siento este miedo sentada frente a la compu no quiero imaginar como te sentiste vos! De terror...un viaje terrorifico!