viernes, 7 de febrero de 2014

Fin de mundo

Le dije que se fuera y se llevara todo. Y así lo hizo. Al principio juré que era una oportunidad de limpiar el yo interior y exterior. Después, cuando no pude limpiarme la cabeza porque se había llevado hasta el shampoo, me arrepentí un poco.

La realidad es que las cosas venían mal desde hace tiempo. Yo esperaba que él se hiciera cargo de cosas que él esperaba que yo me hiciera cargo. Y ninguno de los dos lo hizo. Eso llevó a una debacle que empezó con una discusión, una noche, acerca del fin del mundo.

Llevábamos 5 meses saliendo/conviviendo cuando me dijo “¿viste que en diciembre de éste año se acaba el mundo?”. Mi carcajada se transformó en risa y luego en sonrisa y luego en mirada de incredulidad cuando me di cuenta de que no estaba hablando en broma. Él realmente creía que se acababa el mundo. “Si, el 21 de diciembre, lo dijeron los mayas”.

Rebobinemos un poco y déjenme aclararles algo: nunca, jamás, antes había hecho un comentario tan pelotudo. No hubo alertas. No hubo señales de que el tipo fuera un idiota, un tipo básico o poco pensante. Todo lo contrario. Entonces, cuando me declaró abiertamente que apoyaba la teoría del fin del mundo en diciembre de 2012, no imaginé que hablaba en serio. Y al no creer en la seriedad de su comentario, mucho menos pude creer en la seriedad de su ofensa cuando me reí en su cara.

Para qué entrar en detalles de una discusión que duró tres horas y que no terminó en sexo. La ofensa le duró alrededor de una semana y, cuando finalmente pudo perdonarme que me hubiera reído abiertamente de él, algo se había roto. Él pensó que lo que se había roto era el invicto de peleas. En realidad, lo que se había roto era mi creencia en que él no fuera un pelotudo.

Desde ese momento, todo fue decadencia. Dos meses después, yo le gritaba, desde la puerta “hacé lo que quieras, no te banco más, llevate todo lo que quieras, pero desaparecé”. Cuando volví, al día siguiente, el departamento estaba vacío. Y aunque debo reconocer que la falta de shampoo me dio un poco de bronca, al ratito me di cuenta de que el departamento también estaba vacío de algo más: un pelotudo.