jueves, 19 de junio de 2014

Mrs. Hipo

Mi primer recuerdo relacionado con el hipo es de cuando tenía alrededor de 11 años. Era domingo y estábamos con mis amigas en misa de las 7 de la tarde, que era la misa a la que había que ir porque de ahí salíamos para el club social. El club social estaba a dos cuadras de la iglesia, y era donde nos juntábamos hasta las 10, más o menos, cuando nuestros padres nos venían a buscar. Era la salida permitida que teníamos, y era suficiente para nosotros.

Me acuerdo que estaba en una de las puertas laterales, envidiando el nuevo corte de pelo de una amiga. Mi cabeza minita e inmadura estaba llena de declaraciones del estilo "ahora ella es la más linda de todas, todos van a gustar de ella y de ninguna otra de nosotras". Un corte de pelo podía llevarte muy lejos en esa época, y supongo que en esta también. Mi amiga había estrenado su corte de pelo en conjunto con unas bucaneras muy inapropiadas para su edad, y se había elevado instantaneamente al tope de la piramide cool del grupo.

La cuestión es que estaba en medio de la misa, y todos comenzaron a entonar "padre nuestro tu que estás en los que aman la verdad" al tono de Sound of silence. A mi me maravillaba escuchar esa canción, y que hubieran sido tan inteligentes de robar y adaptar la canción al padre nuestro. En fin.

De repente, de algún fondo de mi ser, salió el primer hipo. Un primer hipo se disimula rápidamente, uno se hace el boludo y pasa. Sin embargo, al segundo, tercero, cuarto, es fácilmente identificable el origen del hipo. Las cabezas empezaron a girar hacia mi, mientras seguían entonando "haz que el pueblo que por ti se dio...". Mis amigas empezaron a reirse y yo, claro, me reí también.

Desde entonces, el hipo me acompaña regularmente. No tengo una relación similar a la que una persona normal tiene con el hipo. El hipo me visita al menos una vez al día.  En cualquier momento y lugar, puede hacer su aparición. En una reunión de trabajo, en una entrevista laboral, caminando por la calle, en el colectivo. El hipo no espera y no discrimina. Soy víctima y objetivo de él.

En general lo ignoro, aunque a veces me duele. Pero intento ignorarlo, hacerme la boluda. Intenté mil métodos, y ninguno funciona de forma continua. Consulté con médicos y todos me dijeron lo mismo:

¯\_(ツ)_/¯


Decía que en general me hago la boluda, pero el hipo, a diferencia de otras acciones y reacciones físicas, genera algo particular en la gente. Aparentemente, algo en el hipo suena infantil, aniñado. Y la gente tiende a reirse. Tirate un pedo en el bondi y todos te van a putear. Mandate tres hipos seguidos y la gente te empieza a sonreir.

1 comentario:

Sil dijo...

Nada que ver con el hipo mi comentario, pero me acuerdo que cuando escuché The Sounds of Silence, le dije a mi papá "¡esa es una canción de la iglesia!". Me aclaró que no, que esa era la original, y yo no lo podía creer, para mí los ladrones eran Simon y Garfunkel.